VICTORIA
—No lo puedo creer. ¡Con Angélica! —Valentina golpea la mesa con el puño, haciendo que las copas de cristal vibren—. Su prima. La niña consentida, la que no quiebra un plato... se revolcaba con él en esa maldita cama de hospital mientras tú te desvivías por él.
Me quedo mirando el fondo de mi vaso, que tiene cubos de hielo, pero en el bar hace demasiado ruido que no me gusta.
—No es solo el hospital, Valentina —respondo, y mi voz suena como si viniera de ultratumba—. Son amantes desde