VICTORIA
—¿Eres tú... Angélica? —mi voz sale rasposa debido a la impresión.
Ella es la prima de Adel. La "niña consentida" de su familia, la que siempre lo miraba con una adoración que yo, en mi ingenuidad, confundí con cariño familiar. Siento un asco físico que me revuelve las entrañas. La traición no vino de un extraño; vino de su propio linaje, de la misma sangre podrida que lo llevó a las mesas de juego y a la ruina.
Angélica no sabe en dónde meterse, pero el daño ya está hecho. La mirada d