EL AMOR DE MI VIDA.
VICTORIA.
Me quedo en la cocina, escuchando cómo el motor de los autos se aleja hasta desaparecer por completo. Esta vez no hubo discusión. Los obligué a entender que si las tres nos exponíamos, les dábamos a Adel el blanco perfecto para jugar con nuestras vidas. Me giro y me encuentro con Valentina; está temblando, así que le preparo un té cargado. No es momento para que colapse.
—Toma —le digo, acercándole la taza. Mis movimientos son mecánicos, precisos—. Tienes que calmarte. Si Enzo regresa