DE MI NO TE DESPIDEZ ASI.
MAX.
Las palabras de Victoria flotan en el aire de la oficina, suspendidas, pesadas.
«Renuncio, Maximiliano».
El impacto me da de lleno en el pecho. No parpadeo. No me muevo. Siento el dolor del labio partido multiplicarse por diez, pero la sangre que se me congela en las venas no es por los golpes de Maksim. Es por ella. Es como si el piso cincuenta se desplomara bajo mis pies y el impacto me dejara sin oxígeno.
La miro fijamente. Su postura es rígida, el moño tirante, la falda de tubo... Hace