CAMBIO DE PLANES.
MAX.
Sus dedos terminan el recorrido por mi espalda, su suavidad mata y me deja los músculos como seda, pero la mente en llamas. Victoria es una experta en dar alivio y tortura al mismo tiempo. Se aparta lentamente, rompiendo el contacto que me mantenía anclado al sillón.
—Listo —dice ella.
Rodea el sofá con la intención de salir del despacho, pero no soy un hombre que se conforme con un "listo" después de haber sentido su aliento en mi nuca. Antes de que pueda dar un paso más, la sujeto del br