VICTORIA.
Llevo cuatro años siendo la secretaria de Maximiliano Markov. Cuatro años lidiando con sus silencios cortantes, su mal genio legendario y ese poder que maneja y que parece mover los hilos de media Rusia.
Creía conocerlo. Pensaba que entendía al hombre detrás del escritorio de cristal, pero hoy me he dado cuenta de que no tengo ni la más mínima idea de quién es en realidad. Es un hombre de demasiados matices, una escala de grises que se vuelve cada vez más oscura y profunda.
A veces, a