Cap. 155
(Visión de Mariana)
El coche se deslizaba por las calles aún vacías de la mañana de domingo, y yo no podía dejar de retorcerme las manos en el regazo.
Llevaba su camisa puesta.
Una camisa que me quedaba casi como un vestido corto.
Me había remangado hasta el codo y me había pasado los dedos por el pelo húmedo unas diez veces intentando arreglarlo, pero el espejo del baño había sido cruel… se me veía exactamente como lo que era: una mujer que había pasado la noche fuera.
Rodrigo conducí