Cap. 154
Ella me miró, sopesando la situación. Y entonces, con esa valentía silenciosa que era lo más "ella" que existía, me puso las dos manos en la cara.
Me estudió por un segundo, con los ojos clavados en los míos y los dedos recorriendo mi mandíbula, como alguien que presta atención a cada detalle de algo que no quiere olvidar.
— Tienes cara de dormir poco —dijo ella.
— Tú también.
— Lo mío está justificado.
— Lo mío también.
Nos quedamos ahí.
La atraje para otro beso, sintiendo cómo corres