En la prisión de máxima seguridad, el ambiente era un tablero de ajedrez peligroso. Hernán Castillo "Suga" y David se movían como piezas maestras, ganándose poco a poco el respeto y la lealtad de los internos. No fue solo con violencia desmedida, sino con estrategia: organizando el contrabando interno, distribuyendo comida y favores, y controlando la información que circulaba entre las celdas.
En menos de un mes, su influencia se sentía en cada rincón. Si alguien quería un favor, debía hablar