Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana siguiente amaneció gris sobre la mansión. Mariano apenas había dormido; la imagen del rostro desencajado de Caroline y el silencio cargado de acusaciones aún lo perseguían. Se encontraba en el despacho, con la camisa abierta y el café frío entre las manos, cuando escuchó el motor de un auto acercarse a toda prisa.
Francesco entró casi sin anunciarse, con el rostro tenso y un brillo febril en los ojos.






