Mundo ficciónIniciar sesiónEl jueves avanzaba pesado. Leonardo llevaba muchísimas horas sin dormir bien, tenía el rostro crispado y la camisa arrugada. Había agotado todos los caminos formales, abogados, contactos, amistades influyentes. Nadie le daba respuestas, y sus padres, bajo la influencia de Mariano, lo habían dejado solo.
Sentado en su despacho, golpeaba el borde del escritorio con los nudillos. Su móvil vibró. Era un número desconocido. - “¿Sí?”, respondió Le






