La tenue luz del atardecer se filtraba a través de las gruesas cortinas de la habitación principal de la residencia de Alexander, proyectando un resplandor cálido y suave que se mezclaba con las sombras de los muebles imponentes. Emilia estaba sentada en el borde de la cama, con la mirada fija en la ventana como si buscara respuestas en el horizonte. Sus dedos jugueteaban con los bordes de la venda que cubría una herida en su brazo, una de las pocas marcas visibles que quedaban de los acontecim