Damian
El silencio tiene peso. Lo sé porque he vivido siglos escuchándolo, sintiéndolo asentarse como polvo sobre los muebles de habitaciones abandonadas. Pero nunca, en toda mi existencia, había sentido un silencio tan pesado como el que ahora se extendía entre Eva y yo.
Tres días. Setenta y dos horas exactas desde nuestro último intercambio real de palabras. Desde que la dejé en su habitación después de aquel beso que ninguno de los dos mencionaba, pero que flotaba entre nosotros como un fant