Eva
El amanecer se filtraba por las cortinas cuando abrí los ojos. El espacio junto a mí estaba vacío, pero aún conservaba el calor de Damián. Me incorporé lentamente, sintiendo cada músculo de mi cuerpo recordarme la noche anterior. No sabía en qué momento exacto habíamos cruzado la línea entre el odio y algo más peligroso, más profundo. Algo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
Me envolví en la sábana y caminé hacia la ventana. El cielo tenía un extraño tono rojizo, como si el amanece