Damián
La lluvia caía como un murmullo constante sobre los ventanales de la biblioteca, cubriendo con su letanía de gotas cada rincón del silencio que me envolvía. Mis pasos, descalzos y pausados, apenas hacían ruido sobre el suelo de mármol negro. Tenía el torso desnudo y el pantalón del traje aún puesto, aunque arrugado y abierto en la cintura. No era la primera noche en que el insomnio me empujaba hasta aquí… pero sí era la primera vez que lo hacía sintiendo el ardor de una obsesión latiéndo