Eva
El sueño comenzó como todos los demás.
Silencio.
Oscuridad.
Y luego… fuego.
No fuego real, sino algo peor. Algo que ardía en los huesos, que se colaba por la piel como si intentara recordarme algo que no debía saber. Algo que aún no había sucedido… o que había olvidado.
Estaba descalza, parada sobre piedra negra, bajo un cielo sin estrellas. A mi alrededor, gritos que no venían de bocas humanas. Criaturas que se arrastraban en las sombras, temblaban, gemían, suplicaban. No había tiempo, ni