Eva
El sol se filtraba a través de las cortinas de seda cuando abrí los ojos. Me tomó unos segundos recordar dónde estaba: en la habitación que Damián había designado para mí en su mansión. Mi habitación. Aunque después de lo ocurrido entre nosotros, ya no sabía si seguiría siendo solo mía.
Me incorporé lentamente, sintiendo cada músculo de mi cuerpo. No era dolor lo que sentía, sino una extraña conciencia de cada centímetro de mi piel, como si hubiera despertado de un largo letargo. Las sábana