Damian
La observé dormir, su respiración acompasada contrastando con la tormenta que rugía dentro de mí. Eva se había acurrucado en posición fetal, como si incluso en sueños intentara protegerse. De mí. De lo que somos. De lo que se avecina.
Acaricié con la yema de mis dedos el contorno de su rostro, sintiendo el calor que emanaba de su piel. Un calor que yo había olvidado hace siglos. Un calor que ahora amenazaba con derretir el hielo que había cultivado durante milenios en mi interior.
—Qué p