50. Una Entrega Profundo.
La distancia se deshizo en un instante. El beso llegó primero como una caricia lenta, un roce que parecía tantear el terreno, pero pronto se convirtió en un incendio imposible de apagar. Los labios de Eryx se apoderaron de los de ella con una mezcla de furia y necesidad, como si en ese instante el mundo entero se redujera a ese contacto.
Shaya intentó resistirse durante un segundo, pero la lucha se desvaneció con rapidez. Sus manos, que habían empujado débilmente su pecho, terminaron aferrándo