49. Bajo La Pasión Del Deseo
—Escúchame bien, Shaya —Se acercó aún más, dejando apenas un suspiro de distancia entre ellos —Tú no debías casarte con Santiago. Tú debías casarte conmigo. Ese fue siempre el acuerdo entre tu familia y mi padre. Pero por artimañas de él y de su madre, lograron que te unieras a Santiago, robándome lo que me correspondía.
El rostro de Shaya perdió color. Se llevó una mano al pecho, buscando aire. La verdad era brutal, un golpe tan inesperado como devastador. Todo lo que había creído sobre su vi