34. La Viuda ambiciosa
Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, lanzó una última frase que quedó suspendida en el aire como una condena.
—Algún día tendrás que elegir. Y cuando lo hagas, recuerda quién fue el que siempre estuvo dispuesto a quemarse por ti.
La puerta se cerró de un portazo, dejándola sola.
Shaya se quedó inmóvil frente al espejo. El reflejo le devolvía la imagen de una mujer que parecía fuerte, pero cuyos ojos aún temblaban de emociones contenidas. Tocó sus labios con la punta de los dedos,