29. Orgullo Herido
—¡Maldito Allen! —rugió con una voz cargada de odio, como si nombrarlo fuera una maldición.
En ese momento la puerta se abrió con brusquedad. Claudia entró, impecable como siempre, con su vestido entallado y su peinado perfecto, pero con un fuego en los ojos que rara vez mostraba. Cerró la puerta tras de sí y lo observó, primero con el ceño fruncido y luego con una sonrisa sarcástica que no disimulaba su irritación.
—Así que así reaccionas cuando te derrotan —dijo, cruzándose de brazos —Destroz