13. ¿Invitada o prisionera?
El humo se elevaba en espirales grises, fundiéndose con la tenue luz que entraba por la ventana. Eryx Allen disfrutaba de su cigarrillo con la misma calma con que otros degustaban un vino añejo. Había algo hipnótico en la manera en que sus dedos sostenían el tubo encendido, firme y sin temblor, como si cada calada fuera un ritual calculado.
De pie frente al ventanal de la suite, observaba la ciudad que se desplegaba a sus pies. Los autos parecían juguetes desde esa altura; la gente, apenas som