El viaje a la ciudad del pecado, como le decían, se hizo corto en el avión de la empresa, por suerte Carlos y Teresa nos acompañaban, así que Louise se divirtió de lo lindo tomando el mando del avión en un minuto, cosa que casi le dio un infarto al descerebrado y a mi un ataque de risa de los puros nervios.
Llegamos a las seis de la tarde al aeropuerto Internacional Harry Reid y después de hacer nuestro chequeo salimos con nuestras maletas los tres de la mano.
Justo en la recepción de pasajeros