El viaje a la ciudad del pecado, como le decían, se hizo corto en el avión de la empresa, por suerte Carlos y Teresa nos acompañaban, así que Louise se divirtió de lo lindo tomando el mando del avión en un minuto, cosa que casi le dio un infarto al descerebrado y a mi un ataque de risa de los puros nervios.
Llegamos a las seis de la tarde al aeropuerto Internacional Harry Reid y después de hacer nuestro chequeo salimos con nuestras maletas los tres de la mano.
Justo en la recepción de pasajeros estaba la señorita Serena Willis esperándonos con un cartel en las manos que decía bienvenidos a Las Vegas y la verdad que me hizo reír tanta animosidad.
—Es maravilloso tenerlos aquí ¿Todo bien con su vuelo?
—Todo perfecto, señorita Willis— digo extendiendo mi mano para saludarla, pero ella me sorprendió con un fuerte abrazo.
—Bueno, ya mucho saludo, Serena. Suelta a mi a novia y llévanos al hotel.
—Sí, eso que dice mi papito.
Al parecer esos dos se habían puesto celosos de la cordialidad con