Una nueva forma de amar.
Deposito su cuerpo en nuestra cama, una que está cubierta por pétalos de varios colores, escuchando su risita de niña buena, aunque en su carita la picardía es lo primero que reconozco.
Me recuesto junto a ella y la aprecio a la luz de las velas que, aunque artificiales, me muestran sus delicadas facciones y cada una de las cosas que me han enamorado de ella.
Los chicos tenían razón, el lugar quedó precioso y acogedor, me encantó como quedó todo y prometo enviarles un gran agradecimiento a ambo