Mi arpía me ha escrito por lo menos veinte veces y ha llamado unas diez más y no sé si reír o llorar de la emoción que siento por tanta preocupación de parte de ella, pero no le he contestado. Quiero terminar mi conversación con el señor Shaw.
—Eres muy afortunado, Aaron. Se te nota en los ojos que eres feliz y amas a tu esposa y a mi nieta.
—Claro que lo soy, aunque me costó darme cuenta de eso, señor Shaw.
—Te dije que me llames Steven.
—Deje que me acostumbre y ya verá.
—Esté bien, pero