El sol de la mañana rebotaba en los cristales altos del centro comercial como si alguien hubiese inclinado un espejo contra el cielo.
Coconut Grove amanecía con esa mezcla insolente de brisa salada y perfume caro, cafés que humeaban en terrazas, vitrinas pulidas como acuarios, un piano suave filtrado por los altavoces.
Valentín estacionó sin chofer ni escoltas.
Lo había decidido al despertar, con el eco todavía tibio de la respiración de Alma en el cuello y ese vértigo nuevo en el estómago por