Cap. 85 No por mucho tiempo
Giorgio dio otro paso. Ya estaba lo suficientemente cerca. Dayana podía oler su colonia agria, ver el brillo de sudor en su sien.
—Ares te trata como a un trofeo. Como a una hija rebelde que hay que controlar. Yo… yo podría tratarte como a una reina. Una reina de verdad. Sin bebés llorando, sin proyectos de caridad. Solo lujo, placer… y poder a mi lado.
Su mano se alzó para tocarle la mejilla. Dayana no se inmutó.
—Me das asco, Giorgio.
El insulto lo hizo enrojecer. La máscara se cayó.
—¡Eres una ingrata! —bufó, su voz perdiendo el tono seductor.
—Te ofrezco el mundo y prefieres a ese bruto sin gracia. ¿Sabes qué? Tal vez necesitas un recordatorio de cuál es tu lugar. Una lección práctica.
Su intención se volvió palpable, física. Dayana sintió el peligro, agudo y frío. No era solo una amenaza verbal.
Desde el auto, Ares escuchaba cada palabra, cada respiración. Su cuerpo era un cable de tensión a punto de reventar. Marco tenía la mano en el pomo, listo.
—"Minotauro", jefe —susurró Mar