Cap. 85 No por mucho tiempo
Giorgio dio otro paso. Ya estaba lo suficientemente cerca. Dayana podía oler su colonia agria, ver el brillo de sudor en su sien.
—Ares te trata como a un trofeo. Como a una hija rebelde que hay que controlar. Yo… yo podría tratarte como a una reina. Una reina de verdad. Sin bebés llorando, sin proyectos de caridad. Solo lujo, placer… y poder a mi lado.
Su mano se alzó para tocarle la mejilla. Dayana no se inmutó.
—Me das asco, Giorgio.
El insulto lo hizo enrojecer. La máscara se cayó.
—¡Eres u