Cap. 81 "Mi dios de la guerra".
La sala privada del restaurante era un refugio de madera cálida y luz tenue, un mundo aparte del acero y el cristal de Bianchi Holdings. Sobre la mesa, entre platos semi-vacíos y copas de agua, los planos de la guardería se mezclaban con la intimidad redescubierta.
Dayana hablaba animada, sus manos gesticulando mientras explicaba los comentarios de las operarias sobre los cambiadores. Sus ojos brillaban con una pasión que no era solo por el proyecto, sino por la vida misma, por sentirse viva, ú