Cap. 74 ¿Todo bien?
Una mujer mayor, con manos callosas y una mirada directa, cruzó los brazos.
—Muy bonito el dibujo, señora. Pero nosotros hemos oído promesas antes. El viejo Bianchi, el señor Vittorio, decía que iba a mejorar los comedores. Sigue sirviendo la misma porquería.
—No soy el señor Vittorio —dijo Dayana con calma.
—Y esto no es una promesa. Es un proyecto. —Sacó otro documento.
—Esta es la cotización firmada con la proveedora. Y este —sacó un tercero— es el depósito en garantía que ya se hizo desde la cuenta de mi división de proyectos especiales. El dinero está apartado. Solo falta la aprobación final del consejo, y la construcción.
El escepticismo en la sala se agrietó, reemplazado por un interés agudo. Las mujeres empezaron a hacer preguntas prácticas, concretas: ¿Quién cuidaría a los niños? ¿Qué pasaba si se enfermaban? ¿Habría comida especial para bebés?
Dayana respondió lo que sabía, y para lo que no tenía respuesta, anotó en su cuaderno. —Esa es una muy buena pregunta. No lo había co