Cap. 73 No importa cuánto tarde.
Las palabras de Felicia no eran una hipótesis; sonaban a profecía. Ella había visto a Dayana antes, había sido testigo del amor vibrante y total que la unía a Ares. Sabía la profundidad de ese sentimiento, una profundidad que ni la amnesia podía borrar por completo, solo enterrar.
Ares bajó la mirada al vaso de agua, las luces de la ciudad reflejándose en la superficie inmóvil. Respiró hondo.
—No me voy a ir —dijo, su voz era baja, pero con la firmeza del acero.
—No importa cuánto tarde. No importa si nunca recuerda todo. Lo que somos ahora… es suficiente para empezar de nuevo.
Felicia asintió, una sonrisa triste pero satisfecha dibujándose en sus labios. Era la respuesta que esperaba, la que necesitaba escuchar.
—Eso es todo lo que una tía preocupada necesita saber —murmuró.
—Ahora, tú también a dormir, joven. Los generales no ganan batallas con ojeras. Y mañana, esa sobrina mía va a necesitar su general despierto y malhumorado, como de costumbre.
Le dio un golpecito cariñoso en el h