Cap. 73 No importa cuánto tarde.
Las palabras de Felicia no eran una hipótesis; sonaban a profecía. Ella había visto a Dayana antes, había sido testigo del amor vibrante y total que la unía a Ares. Sabía la profundidad de ese sentimiento, una profundidad que ni la amnesia podía borrar por completo, solo enterrar.
Ares bajó la mirada al vaso de agua, las luces de la ciudad reflejándose en la superficie inmóvil. Respiró hondo.
—No me voy a ir —dijo, su voz era baja, pero con la firmeza del acero.
—No importa cuánto tarde. No imp