Cap. 72 Pero te agradezco
Las palabras de Ares no fueron una sugerencia, sino una conclusión lógica, dicha con la misma firmeza con la que trazaba una estrategia de negocios. "Ahora vamos a dormir"." Era una orden amable, pero una orden al fin.
Dayana lo miró, atontada por la comida, el cansancio acumulado y la calidez repentina que la envolvía. Su mente, que había estado corriendo a mil por hora, se atascó tratando de procesar una negativa. Pero no había energía para ello.
—Ven —insistió él, su voz más suave, tomando su mano—. Que no se hace un palacio en una noche. Eso es imposible.
La metáfora era perfecta. Ella estaba tratando de construir, de reparar, de fortificar, todo a la vez. Un palacio entero de seguridad y legitimidad, y quería levantarlo antes del amanecer.
Ares le recordaba la simple verdad de la mampostería: se necesita tiempo, capa sobre capa. Y la primera capa, la fundamental, era el descanso.
Dayana no protestó. Se dejó arrastrar. Su mano, fría por el aire acondicionado y la tensión, se ence