Cap. 70 ¡Por el fin del reinado de mi hermano!
La italiana cerró la boca con un chasquido y luego la abrió de nuevo para emitir una serie de bufidos y pucheros que habrían hecho parecer a un niño de dos años un modelo de madurez.
—¡No entiendo! —exclamó, dirigiéndose a Dayana como si ella fuera la jueza.
—¡Realmente no entiendo por qué nadie me apoya en mi relación con Marco! ¡Es perfecto! Es serio, es inteligente, es ordenado… ¡necesita un poco de caos en su vida! ¡Y yo soy muy buena generando caos hermoso!
Dayana finalmente alzó la vista, con una expresión entre exasperada y compasiva.
—Ginevra, querida —dijo, con la paciencia que usaba con Alessio cuando intentaba comer el control remoto.
—No es que no te apoyemos. Es que… estás usando un lanzallamas para encender una vela. Marco es un hombre que valora su espacio, su orden, su paz. Tú llegas como un huracán de colores, le hablas de neveras para leche materna y le pones citas a las 5 de la tarde sin preguntarle. Lo estás acorralando. Y un hombre como Marco, cuando se siente aco