Cap. 43 ¡Aquí está la toalla!
Giorgio, con la sonrisa congelada en mitad de su encanto habitual, parpadeó.
—Disculpe, señora, soy Giorg…—
—¡Déjelos ahí, en el recibidor, no los quiero dentro con los gérmenes de la calle! —lo interrumpió Felicia, haciendo un gesto imperioso hacia el suelo del vestíbulo.
—Y por favor, dígale a su jefe que la última remesa tenía un olor raro. ¿A amoníaco barato? Muy decepcionante para una marca que se llama 'Culitos de Ángel'. ¡Exijo calidad celestial!
Mientras hablaba, se escuchó un llanto débil desde la cocina. Alessio se había despertado de su siesta en brazos de Felicia y ahora protestaba por su ausencia.
—¡Ay, el tirano reclama su tributo! —exclamó Felicia, y sin más preámbulos, se dio la vuelta, fue a la cocina y volvió con Alessio en brazos. El bebé, en el proceso de ser alimentado, estaba adorablemente cubierto de puré de zanahoria naranja brillante desde la barbilla hasta el pecho de su body.
—Tenga, sosténgamelo un segundo que busco una toalla —dijo, y antes de que Giorgio