Cap. 34 Tres horas.
La relativa calma era un espejismo. Lo supieron cuando la llamada entró al teléfono privado de Ares. No era un número bloqueado. Era Dulce. Su voz, antes melosa, ahora era un hilillo de hielo y desesperación.
—Tienes algo que quiero, Ares. Y yo tengo algo que tú quieres más que a tu propia vida.
En el fondo, el llanto desgarrador de un bebé. Alessio.
Ares se quedó de piedra. El mundo se redujo a ese sonido. Dayana, al ver su rostro descompuesto, supo al instante. Un instinto primario, más antig