Cap. 34 Tres horas.
La relativa calma era un espejismo. Lo supieron cuando la llamada entró al teléfono privado de Ares. No era un número bloqueado. Era Dulce. Su voz, antes melosa, ahora era un hilillo de hielo y desesperación.
—Tienes algo que quiero, Ares. Y yo tengo algo que tú quieres más que a tu propia vida.
En el fondo, el llanto desgarrador de un bebé. Alessio.
Ares se quedó de piedra. El mundo se redujo a ese sonido. Dayana, al ver su rostro descompuesto, supo al instante. Un instinto primario, más antiguo que cualquier memoria, la atravesó como una lanza. "Mi hijo."
Sin un plan, sin un pensamiento coherente, se abalanzó sobre el teléfono.
—¡Dulce! Si le haces un solo daño, juro por lo que más quieras que no te quedarán rincones en este mundo donde esconderte.
—Dayana —la voz de Dulce sonó casi divertida.
—La fiera protegiendo a su cachorro. Qué conmovedor. Pero esto no es con vosotros. Es con Ares. Quiero el acuerdo de custodia anulado. Quiero reconocimiento legal como madre. Y quiero cinco m