Cap. 35 Su Señoría
En la cabaña, de repente silenciosa, solo quedaron ellos tres. Ares jadeaba, los nudillos blancos, temblando de adrenalina reprimida. Dayana se acercó, con Alessio entre ellos, como un sagrado puente.
—Te dije que no intervinieras —susurró Dayana, pero sin reproche. Con asombro.
—Y yo te dije que nunca más dejaría que te enfrentaras sola a un peligro —respondió Ares, su voz ronca. Sus ojos recorrieron cada centímetro de ella y del bebé.
—Lo lograste. Tu plan… tu valentía… Lo lograste.
Dayana en