Cap. 33 Escúchame bien, Elsa
La idea fue de Dayana. Una vez que el recuerdo del jardín se ancló en su alma como una roca de verdad, la rabia contra Elsa se transformó. Ya no era el dolor confuso de la traición, sino la furia fría de quien ha sido manipulado con lo más sagrado: su propio juicio.
—Quiero enfrentarla —le dijo a Ares, mientras revisaban los feeds de seguridad del Penthouse.
—No con abogados. Con sus propias palabras.
Ares, receloso, se opuso. Pero Dayana, con la nueva certeza en la mirada, argumentó:
—Ella cree que me tiene en el bolsillo. Que dudo de ti. Esa es su debilidad. Y voy a usarla.
Planearon todo con precisión militar. Una cita en un café discreto pero con buen ángulo para la cámara oculta en el bolso de Dayana. Ares y un par de guardaespaldas estarían en una furgoneta de vigilancia a una cuadra, escuchando en tiempo real.
Elsa llegó, con su aire de preocupación urgente. Abrazó a Dayana con fuerza.
—Day, Dios mío, me has tenido tan preocupada. Después de ese video… parecías bajo su control