Cap. 27 ¿Bajo qué derecho?
Él extendió una mano temblorosa y tocó, con una reverencia infinita, la pequeña cabeza cubierta de vello oscuro. Luego, envolvió con su otro brazo los hombros de Dayana, creando un círculo perfecto, un santuario alrededor de su hijo.
—Gatita —susurró, con una voz que ella no había oído nunca, rota por la emoción.
—Lo logramos.
Afuera, más allá del vidrio, el mundo con sus tramas y sus odios seguía existiendo. Pero aquí, dentro de este círculo de tres, había nacido algo más que un niño. Había nacido una familia.
Y Dayana, por fin, sintió que había llegado a casa.
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El sonido que llenaba la habitación VIP no era el suave arrullo de un recién nacido, sino el llanto desgarrado, áspero y furioso de una mujer a la que le han arrancado el corazón.
Dulce estaba sentada en la cama, envuelta en una bata de hospital, su cuerpo aún convulso por los espasmos posparto y el tremendo vacío que ahora ocupaba el espacio donde durante meses había sentido patalear.
No era el dolor físico lo que la hac