Cap. 27 ¿Bajo qué derecho?
Él extendió una mano temblorosa y tocó, con una reverencia infinita, la pequeña cabeza cubierta de vello oscuro. Luego, envolvió con su otro brazo los hombros de Dayana, creando un círculo perfecto, un santuario alrededor de su hijo.
—Gatita —susurró, con una voz que ella no había oído nunca, rota por la emoción.
—Lo logramos.
Afuera, más allá del vidrio, el mundo con sus tramas y sus odios seguía existiendo. Pero aquí, dentro de este círculo de tres, había nacido algo más que un niño. Había na