Cap. 24 ¿Estás demente?
Un coche discreto se detuvo frente a la mansión. De él bajó Dayana. No era la mujer desaliñada de ayer. Iba impecablemente vestida con un traje pantalón de corte perfecto, su cabello recogido en un moño severo, y en sus ojos había un brillo frío, calculador y peligrosamente divertido.
Llevaba una carpeta de cuero delgada. No era la esposa suplicante; era una ejecutiva llegando a una reunión hostil de adquisiciones.
El mayordomo, confundido, la condujo al salón donde Bárbara aguardaba como una