Cap. 119 Mira, tía
Ginevra irrumpió en la cocina como un vendaval de color y alegría, su vestido amarillo contrastando con los tonos cálidos y serenos del lugar. Venía de pasar la mañana con Marco, y aún le brillaban los ojos con esa luz especial que solo el amor nuevo puede dar.
—¡Buenos días, familia! —canturreó, lanzando su bolso sobre una silla con total despreocupación.
—¿Qué se cuece por aquí?
Bárbara, apoyada contra la encimera con una taza de té en la mano, levantó una ceja con esa expresión que Ginevra c