Cap. 118 ¿A tus hijos?
En la mansión de Bárbara, Dayana despertó en la cama vacía. La almohada de Ares aún conservaba su olor. Sonrió, colocó una mano sobre su vientre aún plano, y soñó con el futuro.
No sabía nada de lo que ocurría en las sombras. No sabía que su marido estaba reescribiendo las reglas del juego, que estaba usando el cuerpo de su enemiga como campo de cultivo para su próximo hijo, que estaba negociando con la vida de los Sartori como quien cambia cromos.
Pero quizás, en el fondo, algo intuía. Algo en