Cap. 120 ¿Y si Dayana lo descubre?
Dayana observó la escena con el corazón encogido. La alegría de Ginevra, tan brillante y contagiosa, se había topado con la muralla de silencio que Ares traía consigo. No era su intención arruinar el momento, eso lo sabía. Era simplemente que el peso que cargaba era demasiado grande para disimularlo.
—Después seguimos —susurró Dayana a Ginevra, apretando su mano.
—Esto es importante.
Ginevra asintió, su sonrisa atenuada pero no apagada. Entendía, quizás mejor que nadie, que en esta familia las