Cap. 108 Y quiero a la persona que los envió.
Ares no era un mafioso.
Esa era una línea que, incluso en los años más oscuros de las disputas familiares, en las traiciones más sangrientas de Pietro, en las conspiraciones más retorcidas de Bárbara, nunca había cruzado. Había heredado un imperio legítimo, construido sobre acero, innovación y sudor ajeno bien pagado. Lo había limpiado de corruptelas, lo había modernizado, lo había hecho indestructible por medios legales.
Pero la legalidad, la ética, las líneas que nunca cruzó… todo eso se hizo