Cap. 107 ¡Mira, tía!
Los hombres se miraron entre sí. Habían aceptado el trabajo por el dinero, pero ahora veían la locura en los ojos de la mujer. La locura era peligrosa. Pero el dinero era dinero, y la promesa de un pago extra por "daños colaterales" era tentadora.
—Va a llamar mucha atención —dijo otro, más joven, jugando nerviosamente con un cuchillo.
—La policía, los noticieros…
—¡Que llamen! —lo interrumpió Chiara, una sonrisa demencial torciendo sus labios.
—Para cuando se den cuenta, ya estaremos lejos. Yo