Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire de la habitación era pesado, cargado de una tensión que parecía imposible de romper. El reloj de la pared marcaba las dos de la madrugada, pero ni Sofía ni Santiago habían pegado un ojo. Desde que recibieron aquella llamada anónima, la calma que habían intentado construir se había desplomado como un castillo de naipes en un huracán.







