Massimo apretó a Savannah en un gesto protector que no le pasó desapercibido a su hermano, quien solo soltó una risa sin apartar la mirada de ella ni un solo segundo.
—Ve con Mateo y desayuna. Luego los alcanzaré.
—Pero dijiste que íbamos a desayunar todos en familia.
Massimo desvió la mirada hacia el pequeño y le sonrió.
—Tenemos por delante muchos días para desayunar todos juntos, ¿no te parece? Primero debo atender asuntos de trabajo con mi hermano, pero, tan pronto termine con él, les haré