Massimo apretó a Savannah en un gesto protector que no le pasó desapercibido a su hermano, quien solo soltó una risa sin apartar la mirada de ella ni un solo segundo.
—Ve con Mateo y desayuna. Luego los alcanzaré.
—Pero dijiste que íbamos a desayunar todos en familia.
Massimo desvió la mirada hacia el pequeño y le sonrió.
—Tenemos por delante muchos días para desayunar todos juntos, ¿no te parece? Primero debo atender asuntos de trabajo con mi hermano, pero, tan pronto termine con él, les haré compañía en la mesa.
—Está bien —Mateo volvió a sonreír y se acercó al recién llegado, extendiendo su pequeña mano hacia él—. Soy Mateo, el hijo de Massimo. Entonces tú eres mi tío...
—Con que hijo, ¿eh? —Savannah no supo si el hombre se estaba burlando o solo lo decía para incordiar, pero, cual fuera el caso, no le gustaba en lo más mínimo cómo la miraba—. Un gusto conocerte, piccolo. Yo soy el tío Dom, y puedes venir a mí cuando quieras.
—¡Genial!
Los dos se estrecharon las manos y Savannah se