Savannah observó a su hijo dormir plácidamente, agotado por haber quemado tantas energías jugando con sus nuevos juguetes, corriendo de un lado a otro, con una emoción que aún la hacía sentir atribulada.
Durante la cena había estado en silencio y muy ausente, pensando que no podía seguir siendo egoísta cuando lo único que le importaba era la felicidad de su hijo. Y, a pesar de que no era así como una vez soñó en que lo fuera, en ese momento jamás lo había visto reír como lo había hecho.
Suspiró