Massimo hundió la nariz en su cuello, aspirando el dulce aroma que desprendía su piel y dejó un beso en esa zona que le arrancó un ligero temblor a Savannah, no de placer ni de gusto, sino de miedo.
Aunque ella era consciente de que no había más forma de pagar su deuda con él, no se sentía lista en ese momento. A esas alturas, donde todo la tenía rebasada y apenas si podía pensar con claridad y solo tenía cabeza para su hijo, jamás se sentiría lista para entregarse a un hombre por obligación y