La atmósfera en el Cuarto Cielo, Zebul, era una sinfonía de tensiones invisibles y promesas de guerra. Mientras el tiempo en la Tierra se desangraba bajo la Luna Carmesí, en los depósitos celestiales el aire vibraba con una frecuencia de purificación que amenazaba con deshacer la misma materia de la que estaban hechos los pecadores. Natalia Valerius permanecía en la cúpula de cristal líquido bajo la tutela de Ramiel, sintiendo cómo el Oro Negro en sus venas se estabilizaba mediante una discipli