El aire en la caverna dejó de ser una sustancia respirable para convertirse en una molienda de cristales de hielo y estática letal. Kushiel, el Arquitecto de la Carne, ya no era una figura que simplemente ocupaba espacio; era el centro de gravedad de un cataclismo. Sus seis alas de obsidiana, extendidas en su totalidad, proyectaban sombras que parecían tener vida propia, reptando por las paredes del glaciar como si buscaran grietas por donde escapar de la furia del Nephilim.
—EL TIEMPO DE LA A